lunes, 16 de octubre de 2017

UNA BUENA MEDICINA


Una reflexión sobre las artes en relación con la salud.
Oír música, cantar, bailar, actuar en el teatro, leer, escribir o pintar son actividades que consideramos divertidas, interesantes y necesarias, porque casi todo el mundo es capaz de participar en muchas de ellas aunque solo sea como espectador; la mayoría de la gente tiene alguna cualidad que le permite bailar bien, o cantar o tocar algún instrumento, muchos, más de los que se cree, pueden dibujar con cierta solvencia. Por mal que lo hagan o crean que lo hacen y les avergüence es excepcional encontrar a personas que no haya bailado nunca; parece evidente que bailar es una diversión nuclear en el conjunto de las fiestas populares: no hay fiesta que se precie sin música y baile. 
Las actividades de este tipo, lúdicas para la mayoría de la gente, son el producto del trabajo creativo de profesionales y aficionados que las ponen a nuestra disposición: canciones, novelas, obras de teatro, bailes, conciertos, coreografías etc. Muchas personas intentan vivir de la creación no siempre con éxito pero su esfuerzo y genialidad la recibe la sociedad disfrutando de magníficos momentos de relajación, goce o diversión.
¿Y quién dijo que estar contento es malo?
Hago esta pregunta porque vivimos en una sociedad en la que muchas persones con responsabilidad política parecen ignorar el valor que las distintas actividades culturales tienen como generadores de “satisfacción y disfrute” lo que las convierte en potenciales recursos para mejorar la salud de la gente. Oímos hablar a menudo del recién jubilado: “Ahora este hombre que se pasó la vida trabajando no sabe qué hacer, está deprimido…” Su vida ajetreada le impidió acercarse al mundo del ocio y no desarrolló ninguna afición, no tiene gustos ni conocimientos sobre cosas que seguramente le hubiese gustado disfrutar, es como empezar de nuevo pero mayor y cansado.
Si el médico te dice: amigo tiene Ud un cuadro depresivo-ansioso necesita relajarse, descansar… ¿Qué cosas le gustan? preguntará. El paciente tendrá alguna afición o le gustará alguna actividad y le contestará: me gusta ir al cine, ver teatro, oír música, escalar montañas…El médico le “recetará” un tipo de actividad que le parezca adecuada en general una actividad lúdico-cultural llamemos. No suele recomendarle que trabaje 10 horas más o que aprenda física cuántica; le propondrá una actividad que sirva para el fin buscado de mejorar su salud que sea agradable, esté en su gusto y que le proporciones placer.
El placer: El placer es algo más íntimo más cotidiano que la felicidad, un término complejo del que nadie es capaz de dar una definición rotunda. Sabemos que el ser humano es un forofo del placer, está constantemente en busca de estímulos agradables, necesita estimular sus centros de la recompensa y lo hace a diario, si le faltan esas recompensas surge el estrés o un estado anímico bajo, la frustración y un afrontamiento anómalo de los problemas.
¡Cuánto trabajo he tenido, estoy agotada, tengo que tomar unas vacaciones!
Es evidente que esta mujer necesita una dosis de distracción, de ruptura con la máquina laboral que la agota en un momento dado.  Una aclaración, hay gente que al respecto parece no necesitar otro estímulo gratificante que el propio trabajo y eso tiene una consideración de alto grado, son personas a las que se ven  como seres excepcionales; son “los mejores” los más competentes, competitivos y trabajadores (y ambiciosos supongo) pero esto no ocurre con la mayor parte de las personas.
Ocio se confunde a menudo con ociosidad que viene a ser un estado diferente, el de la persona que elude sus responsabilidades de trabajo o a una actitud abúlica. El ocio es la utilización del tiempo libre para hacer lo que a uno le gusta y puede hacer según sus posibilidades.
A estas alturas ya parece claro que las evidencias demuestran que los humanos necesitamos divertirnos, disfrutar con los amigos, la familia o solos haciendo cosas que nos gustan: 8 horas de trabajo, 8 horas de sueño y 8 horas que son para ti (y los tuyos)
Pero eso hay que ir aprendiéndolo desde la infancia, el juego que forma parte importante en el desarrollo del niño se especializa más adelante en lo que llamaríamos aficiones o hobbies; por desgracia los planes de estudios pronto dejan de preocuparse por las artes visuales (plásticas, cine, video, teatro, danza) y la música (algo que bañará nuestro entorno durante toda la vida) y centran su atención sobre las materias “nobles”, las ciencias, matemáticas, física, biología etc. que parecen ser indispensables para la formación adecuada del niño y adolescente. Creemos que es equivocado pensar que estas materias son más importantes que las que fomentan el desarrollo de la imaginación y la creatividad (y el pensamiento: la filosofía, pero esto es otro tema). Hoy se sabe que los que desarrollan actividades musicales se desenvuelven mejor en matemáticas por ejemplo rompiendo la idea de que el arte es una pérdida de tiempo, porque la música y otras formas de arte son exigentes, su dominio no se obtiene sin esfuerzo lo que hace que nos volvamos sistemáticos y aumentemos nuestra auto-exigencia y nuestra capacidad de trabajo, mejorando nuestras capacidades rítmicas, de coordinación motora, habilidad manual, percepción espacial y además reforzando nuestra autoestima. El arte permite además relacionarse con otras personas con proyectos en común como el teatro, ballet, danza, cine o video, fotografía, proyectos informativos, creaciones de Blogs etc. La pintura y la escultura permiten una introspección y un análisis del entorno y los seres humanos desde la representación o la abstracción a través de la línea, el color, la perspectiva y la materia. El Dr. Dacher Keltmer (psicólogo de Berkeley) dice que las obras de arte estimulan niveles saludables de citoquinas (proteínas esenciales en nuestro sistema inmunológico) y activan circuitos cerebrales de recompensa que neutralizan el estrés. En un trabajo publicado en Journal of American Medical Association citado por E.Punset nos habla de como la música eleva el nivel de endorfinas y que “también es un medio de distraerse del dolor y evitar la ansiedad”. En estudios con PET (Tomografía con emisión de positrones) se observa que las respuestas placenteras a la música están correlacionadas con la actividad de regiones del cerebro implicadas en los circuitos de recompensa y emoción; y transcribo “ Este estudio sugiere que la música recluta sistemas neuronales similares a los que responden específicamente a los estímulos biológicamente importantes como la comida y el sexo y también otros que se activan artificialmente mediante drogas…aunque la música no es estrictamente necesaria para la supervivencia de la especie humana, constituye un beneficio significativo para nuestro bienestar físico y mental(Punset) Está comprobado que la música modula la frecuencia cardiaca, el pulso, la presión arterial, la temperatura corporal, la conductancia de la piel y la tensión muscular. Pero tiene otro poder "secreto" añadido: facilita las relaciones sociales. Según un estudio que publica “Royal Society Open Science“, cantar en compañía de otros es la mejor actividad para romper el hielo y crear rápidamente lazos de amistad.
Estudios previos habían mostrado que el corazón de las personas que cantan en un coro late al unísono, ya que todos respiran a la vez y sus constantes vitales se sincronizan. Y también las emociones se contagian entre ellos con mayor facilidad. (ABC ciencia.28-10-2015)


La lectura nos proporciona información, formación y entretenimiento, la ficción cuando es ejecutada por escritores de talla aportan visiones originales del comportamiento humano, que nos ayudan a comprender mejor la realidad y las posibles respuestas del ser humano ante los problemas que se encuentra o provoca, además de hacernos disfrutar. La lectura es una ventana al mundo desde conciencias distintas que añaden diversidad a nuestras creencias o criterios, que amplían nuestra visión del comportamiento humano y nos hacen más tolerantes con esa diversidad.

Los seres humanos también disfrutan cuando se aproximan al arte o lo practican pero parece que la tradición que se ha grabado en nuestra mente es negar esa evidencia rechazando como inútil aquello que nuestra sensibilidad siente como algo deseable y necesario.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Yo vs móvil.

El infierno. Acrílico y colage sobre cartón. J.L. Iglesias Diz 2017.

EL MÓVIL
(Manual para conservar la cordura). Para chicos y mayores.
Antes miraba como el ave volaba y seguía su vuelo extasiado.
Ahora la veo en la pantalla de mi móvil. (anónimo)

No tener móvil no es un sacrilegio. ¿Alguien está de acuerdo con esto? Pocas probablemente.
¿Qué opinas de lo siguiente?:
La sobre-información no mejora la buena información.
Mientras miras la pantalla no haces otra cosa
Mientras respondes a cada aviso interrumpes lo que haces.
Mientras interrumpes lo que haces pierdes concentración.
Si pierdes concentración lo que traes entre manos va más lento y posiblemente peor.
Si no haces lo que debes te sentirás inquieto, nervioso, ansioso…
Y volverás compulsivamente a la pantalla del móvil.
Sin contar la falta de respeto hacia los que te acompañan eludiendo o interrumpiendo cualquier clase de interrelación directa con los demás.
Puede que no notes que las 150 veces al día que miras tu móvil y las cerca de 9 horas que pasan los españolitos mirando una pantalla (no solo la del móvil) afectan a tu estado psico-emocional.

Al final del día te preguntas (o no te preguntas, que es peor) ¿Qué fue lo que aprendí hoy, algo que no podría haber sabido de otro modo?, ¿qué fue lo que me hizo sentir bien, estoy con la cabeza serena o como si tuviera en ella una nube de estorninos, soy mejor que antes, estoy más tranquilo, es necesario estar tan pendiente del móvil?
Si te sientes bien es que el uso del móvil a limado absolutamente tu capacidad de ejercer la realidad. Es decir no estás bien.
Si te sientes mal o te preocupa, la cosa tiene solución:
Apaga todas las señales de tu móvil.
Apaga el móvil cuando trabajes o duermas o estés con tus amigos.
No abras varios blogs, chats etc que te obliguen a alimentarlos (te devorarán)
Abre tu correo, face, etc por la mañana a una misma hora, max 30 min. Otra vez a la tarde antes de apagarlo otros 30 min. max. Excepción: si tu trabajo necesita ese tipo de conexión (obvio). Te quedan así 7 horas de lucidez para abrir los ojos y contemplar el mundo, relacionarte, pensar, leer un libro, ir al cine, reír, disfrutar…
Las cosas importantes no te ocurren por mirar el móvil, créelo.
Después de 2 semanas te notarás tan libre como cuando te duchas y te perfumas después de pasear por la playa contemplando el mar y nadando un rato. Dormirás mejor y verás que no ha pasado nada a pesar de no estar permanentemente conectado.
Todo lo dicho puede ser útil, (yo lo creo así porque lo hago) mucho más que consumir 8 horas de cada uno de nuestros días mirando una pantallita, convirtiéndonos en seres paradójicamente aislados-conectados (S.Bauman).

Como toda dependencia exige un esfuerzo de voluntad para liberarse de la esclavitud pero se puede hacer. Ánimo.

sábado, 29 de abril de 2017

Anorexia Nerviosa. Contada a través de la danza.

DE LA DANZA.
Porque las imágenes pueden expresar mejor que las palabras ciertas situaciones, hemos realizado un cortometraje de pronta aparición que a través de la danza expresa la evolución de una Anorexia Nerviosa. Gracias a amigos que produjeron el corto podremos hacerlo llegar a todo el que quiera verlo. Ojalá ayude, ese es nuestro propósito.

 Youtube: anorexia nerviosa el cuerpo teaser.


https://www.youtube.com/watch?v=vmQ4t29ZAN4&t=33s

miércoles, 26 de abril de 2017

¿SIN LIBROS?

http://gananci.com/como-publicar-un-libro/Resultado de imagen de libro

OTRO DESCENSO A LOS INFIERNOS: ¿Un mundo sin libros?
En el centro danés no se usan libros. Ninguno”

Según la religión cristiana el castigo del infierno (que al parecer han hecho desaparecer recientemente, vaya por Dios) era irreversible y los padecimientos infinitos en tiempo y crueldad; el último pecado mortal previo a la muerte te condenaba al infinito castigo. Yo de niño le tenía mucho miedo al infierno pero a pesar de ello, cuando me olvidaba de su ominosa presencia, hacía las trastadas que correspondían con toda la inconsciencia propia de la edad. Se dice que gracias a que olvidamos somos capaces de seguir adelante, no pensamos en el infierno ni en la muerte ni en el pecado mortal, así somos capaces de disfrutar del presente y de ilusionarnos con el futuro. Eso es bueno, muy bueno ¿o no?
Pues pensándolo un poco la cosa no está tan clara. Es bueno liquidar malas experiencias, limpiar nuestras conciencias de culpabilidades autoatribuídas, pero hay algo que el ser humano no puede olvidar y es la historia colectiva, la historia del mundo, de donde procedemos, que hemos hecho y como lo hemos hecho para llegar a donde estamos y a ser como somos. Claro y ahí están los libros, en donde gente diversa deposita su saber, sus investigaciones, sus  relatos, sus fantasías… de modo que podamos informarnos, estudiar, aprender  más o menos sesudamente lo que aconteció, acontece y lo que se supone acontecerá (esta última a modo de adivinanza).
Hoy disponemos de medios tan exultantes, tan saturados de presente, que nos cuentan pormenorizadamente cosas sobre todo lo que “parece” que sucede y lo hacen de un modo tan rápidamente cambiante que obviamente nuestra memoria flaquea y no nos quedamos con nada, o solo lo de ayer, en una aproximación a lo que se llama memoria de pez. La multiplicidad de informaciones (aferencias) saturan nuestra capacidad de asimilación, se produce una fatiga que hace que en un momento determinado ya no atendamos a lo que se nos está diciendo, igual que el músculo al ser exigido termina bloqueado y el atleta cae sin poder dar un paso más. El auto-bloqueo nos libera momentáneamente, nos obliga al reposo, pero eso no es lo peor si no que la ingente información que recibimos nos exige una capacidad crítica de la que carecemos (al menos para una gran parte de materias o informaciones). Sí podemos tener mayor capacidad crítica para temas relacionados con nuestra profesión p.ej  y cuando examinamos las informaciones de las redes sobre los temas que “dominamos” nos damos cuenta de la cantidad de errores que la información contiene ergo eso va a pasar con otras informaciones que nosotros no somos capaces de evaluar. Ello nos hace víctimas de informaciones que muchas veces son inventos revestidos de pseudociencia o directamente falsas.
Leía que un colegio español y otro danés tienen métodos similares de enseñanza que difieren substancialmente de los estándares habituales y que son básicamente de trabajo en grupos pequeños pero aulas enormes, varios profesores, crear sentido crítico etc. Todo muy apasionante y que ilusiona a los que pensamos que la enseñanza necesita un revolcón, pero (siempre hay un pero) leí, ¡oh cielos! Que NO HAY LIBROS. Espero que esto que  dice uno de los subtítulos sea un lapsus del periodista pero en el artículo no se aclara. http://politica.elpais.com/politica/2017/03/31/actualidad/1490985417_565592.html
Con todos los respetos y abundando en lo dicho anteriormente entre la cultura del engaño (posverdad -vaya palabreja) y la locura incontinente de las redes sociales si se camina hacia que en los colegios no haya libros (y me refiero a libros en toda le extensión actual, en papel, electrónico etc) apaga y vámonos. Cerca de la mitad de los españoles no ha leído un libro en el último año y un porcentaje no especificado se jacta de ello además. Quizá la burricie sea el futuro.
Epílogo.
Dice Emilio Lledó: “Tengo serias dudas de que el progreso de nuestro todavía balbuceante sistema educativo tenga que ver con la cantidad de ordenadores que almacenen, por pupitre, nuestros alumnos en las escuelas. Los dedos infantiles y adolescentes tienen que tocar, pero no solo ni principalmente teclados, tienen que tocar las cosas, pasar páginas, mover fichas, garabatear renglones, pensar y soñar con las palabras, oír a los maestros, hablar, mirar, jugar y leer, crear y dudar”. Pues eso.

Emilio Lledó. Los libros y la libertad. RBA Ensayo. 2015¿SIN LIBROS?

miércoles, 19 de abril de 2017

Fútbol y educación.


( J.L. Iglesias Diz) Fútbol: Acrílico sobre tabla. 40 x 40 cm. 2010.

¿QUE HACE EL FÚTBOL POR MIS HIJOS?
El futbol es el deporte rey, nadie lo discute, es el deporte que más dinero maneja, nadie lo pone en duda, es un deporte de pasión así lo piensan los aficionados, es un juego de equipo todos para todos, así lo repiten jugadores y entrenadores. Es un deporte de masas sea lo que sea lo que esto signifique. De acuerdo pero: ¿con que cosas estupendas contribuye a la educación de nuestros hijos?
Entiendo que lo bueno es que los chicos y chicas pueden a través de su práctica hacer ejercicio, pueden aprender a sufrir (es un deporte duro) y a ser solidarios: entregar el balón al mejor situado en vez de tirar a gol es un ejercicio de juego de equipo, practicidad y solidaridad.
Ahora bien ¿es esto lo que vemos constantemente cuando se habla de fútbol? Hace poco un espectáculo patético de padres peleándose en un partido entre sus retoños, me inspiró para escribir el presente texto y me hice la pregunta: ¿lo que el futbol profesional y lo que lo rodea  (directivos, prensa, tv etc)  aportan es en general bueno para la formación de los más pequeños?
Veamos esas virtudes: Los jugadores excepcionalmente reconocen sus errores ante el juez árbitro, habitualmente intentan engañarlo, se “tiran a la piscina”, simulan agresiones, cuando reciben una falta, a veces inexistente, caen (o se tiran) y se retuercen en el suelo como si los hubiese atropellado un autobús, insultan a los contrarios para incitarlos a respuestas agresivas y asi sean castigadas por el árbitro, patean al contrario para evitar su ataque en ventaja y escupen constantemente. Todo esto es habitual y está normalizado, Hace poco leía sobre un hecho curioso: un jugador interpeló al árbitro que había pitado una falta a su favor, diciéndole que se había equivocado, ¡que no había tal falta! Nadie entendió al jugador y se enfadaron con él, supongo que el árbitro no lo tomaría en serio. Esto es tan excepcional que aquello sonó a “crimen” venía a decir: ¿¡a quién se le ocurre decir la verdad!? Es tremendo, está interiorizado que lo “normal” es engañar, sin embargo si los jugadores hicieran lo que hizo ese jugador  no habría las “injusticias” que habitualmente ocurren en un campo, lesiones que no son, faltas que no son, goles que no son, penaltis que no son, victorias que no son… Claro que de ese continuo (propiciado) malentendido  viven también los medios de comunicación con sus sesgos, su parcialidad, sus mentiras y su forofismo que es una especie de ceguera para admitir los méritos del contrario. De hecho los periodistas se asombran y ponen como noticia ejemplar cuando dos aficiones se hacen fotos juntas y no se matan a botellazos y destrozan mobilario urbano o se citan para pelearse hasta incluso matar a alguno de ellos. Duele pensar que se atribuya al futbol  la condición de deporte que enseña, se entiende que debería enseñar aspectos positivos: vigor, emoción, compañerismo, lealtad, sacrificio, solidaridad ¿es este su mensaje?
Tampoco los directivos de clubes ayudan, algunos de ellos tienen comportamientos (por fortuna ya menos) tabernarios, quisquillosos y soberbios.
En fin al final están los espectadores que de ciudadanos corrientes, humanos y simpáticos se convierten en la hora del partido en fieras indomables, agresivas, insultantes, xenófobas y racistas, un modelo que se expone de manera obscena y que los chicos y chicas contemplan constantemente. Después del partido, después de liberar la bilis  exigiremos a los niños y adolescentes que se comporten adecuadamente; lo malo es que ellos tienen ojos y oídos y se forman en la escuela de sus mayores.
Sé que nada va a cambiar mucho pero el fútbol es un deporte importante y ubicuo, es seguro que influye en las actitudes de niños y adolescentes y mucho de lo que nos ofrece no es precisamente una buena influencia. Atentos papás y mamás, que nuestros hijos jueguen está bien pero que no olviden nunca que su fútbol es un juego y en el juego uno básicamente se divierte. Amén

miércoles, 5 de abril de 2017

Sanidad en declive.




Equilibrio inestable. ( Con da Illa de Arousa)

SANIDAD EN DECLIVE
La sanidad pública española fue un orgullo para nuestra generación; a partir de los años 70 la red de hospitales se multiplicó, y la carestía tecnológica de los años de postguerra dio paso a una dotación humana y técnica que se fué optimizando en las siguientes décadas. La generación  del 68 vivimos la trasformación de la medicina precaria de jeringuillas de cristal y radiografías reveladas a mano a la del material desechable, la RNM, la cura del cáncer y la cirugía de alta precisión. No sé si las generaciones actuales de sanitarios les ocurre lo mismo que a mi, que todavía me siento anonadado ante la maravillosas imágenes de una RNM o la objetividad asombrosa de una Ecocardiografía. Asombro porque ahora podemos ver un tumor cerebral como si mirásemos a través de un cristal cuando antes solo algunos poco consistentes signos arteriográficos indirectos nos ayudaban a un diagnóstico mayormente clínico.
Todo este preámbulo está en relación con el informe de Eurostat: Bajamos un puesto en la sanidad europea, un mal indicador que confirma la caída libre de esta sociedad gobernada por políticos de baja calidad, sin propuestas ni definición de futuro para el país, solo preocupados de prevalecer en el sillón y echar las culpas a "otros" que al fin son parte de ellos mismos.
No podemos dejar que esto continúe así. Si encontramos que las cosas no funcionan reclamemos.

https://www.redaccionmedica.com/secciones/sanidad-hoy/la-sanidad-espanola-pierde-un-puesto-en-accesibilidad-y-es-quinta-de-europa-7322

miércoles, 15 de febrero de 2017

SENTIRSE CULPABLE.

¡CUIDADO! TU NO TIENES LA CULPA.

Me siento culpable, es una expresión habitual, una expresión que refleja la percepción de un deber omitido o una acción equivocada, lógicamente uno se siente culpable de malas acciones aunque el que las realiza a conciencia no suele sentir tanta culpa como el que lo ha hecho involuntariamente por acción u omisión. La mayoría de la gente es consciente de los males y sufrimientos de sus semejantes, no en vano uno de los motivos de conversación principales de cualquier ser humano es hablar de “como les va la vida” a ellos, a sus familiares, amigos y de paso comentar los acontecimientos particulares relevantes de la sociedad cercana, de su entorno y así extendiéndose cada vez más hasta los niveles de la globalidad. A medida que nuestras preocupaciones se alejan de nosotros en el espacio, es decir cuando comentamos una guerra lejana nuestra posibilidad de intervenir en la resolución de ese conflicto es irrelevante, pero podemos intervenir en lo más cercano de una manera intensa: educamos y protegemos a nuestros hijos, podemos ayudarlos económicamente si disponemos de medios y ellos no los tienen, podemos prestar dinero a un amigo, podemos participar en una colecta en nuestro  ayuntamiento para  mejorar las condiciones de personas marginadas, también formar parte de una asociación para la defensa de algunos bienes culturales, podemos participar en una manifestación en contra de una determinada propuesta del gobierno autonómico o estatal que consideramos lesiva a nuestros intereses o a los de una clase social, y también podemos participar en este tipo de respuesta cuando protestamos por aquella guerra lejana.
Como vemos nuestra acción participativa es más potente cuanto existe más cercanía física y afectiva, como es lógico, pero nos encontramos con un pequeño problema: el altruismo. Los seres humanos sensibles, es decir la mayoría lo son, claro que lo son al nivel que “pueden”; por lo general en las situaciones de estrés, guerras, hambrunas, desastres se desarrollan grados de generosidad y arrojo impresionantes, dentro de la miseria se producen aunque parezca imposible muchos casos de enorme solidaridad. No cabe duda que los seres humanos se ayudan unos a otros, como también es cierto que pueden desarrollar una violencia aterradora. Ahora que hablamos tanto de la neurobiología parece haberse descubierto que las emociones influyen más en las decisiones que tomamos que el frio raciocinio, creo que la intuición ya nos lo venía señalando desde hace siglos: las muchedumbres arrastradas a guerras mundiales exaltadas por los discursos patrióticos de unos gobernantes ignorantes, soberbios y cobardes (La gran guerra) o llevados a la mayor masacre mundial de la historia al alimentar y encumbrar a un monstruo como Hitler. Los soldados que iban al frente en la gran guerra iban cantando, la gente los vitoreaba con la alegría del que se siente orgulloso de su empeño, 25 millones de muertos después la alegría se había tornado estupefacción y dolor.
La gente quiere ayudar, siente que debe participar, debe apoyar con un donativo o morir por su patria y claro siempre hay quien le empuja. El individuo piensa pero la masa enardecida no y ahí surge el problema. Se utiliza el altruismo y el idealismo como disparador de conciencias y ya no hablamos de ir a la guerra pero sí de bombardear las conciencias con las noticias del mundo, con profusión de detalles, inmediatez y descaro para que te enteres de todos los detalles más sórdidos y veas que el mundo que te rodea es un estercolero infecto. Esta puede ser la sensación que percibe cualquier ciudadano actual que se mantenga informado. Para ayudar están las redes sociales (tienen también un enorme poder formativo y de comunicación) otro pozo de sensacionalismo, tergiversación  y mentira.
Hablábamos de la culpa, sí, todo lo dicho viene a confluir aquí, somos gente que desea ayudar, nos abren por todos los lados frentes de desesperación y dolor y eso nos frustra y nos sentimos culpables de no poder canalizar nuestra energía, de no poder ser útil. Se ve en los mensajes de la gente “intentando ser feliz”, lanzando proclamas contra todo aquello, que es mucho, que nos agobia, mostrando en definitiva, impotencia, tristeza, pesimismo; ¡por mi culpa!  parecen decir.
Pues NO. No podemos dejarnos influir por semejante pensamiento pesimista global. La culpa paraliza, nos hace abandonar; pensamos ¡es imposible, nada se puede hacer! Además los mensajes que se trasmiten desde el poder tienden a buscar el enfrentamiento entre las clases menos favorecidas de modo que el que tiene un trabajo digno sea visto como un enemigo por el que no lo tiene. Procuremos no equivocarnos de diana. 

Pues SI se puede hacer, si tú haces tu trabajo, ayudas a los tuyos, participas en lo posible en el bien de la comunidad y te informas y exiges con serenidad y  confianza aquello que crees debes defender estás haciendo lo correcto, pero no te debes sentir culpable de las guerras que tu no has creado, ni de las torpezas de los políticos, ni de las maquinaciones globales de los fantasmas financieros. Eres uno solo de los siete mil millones, no te "sobrevalores".  Debemos alentar a nuestros jóvenes a la cooperación, a la acción desde el entorno familiar. Los padres que impulsan a sus hijos a ser autónomos lo hacen desde la distancia, les enseñan lo que saben, les comunican su experiencia y dejan que los hijos se vayan responsabilizando de sus actos a medida que crecen, así se sentirán mas seguros, mas fuertes y menos frustrados, si hacemos las cosas por ellos no "crecerán" y no podemos esperar que sean los adultos responsables que deseamos que sean. 

Esta reflexión es opinión del autor y como tal debe ser tomada. JL. Iglesias Diz